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 Los Inmortales: la Guardia de los reyes persas.

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MensajeTema: Los Inmortales: la Guardia de los reyes persas.   Miér 02 Feb 2011, 7:29 pm

No hay muchos datos que nos hagan un retrato fidedigno de la composición de este famoso cuerpo militar de su tiempo, y que fue una de las unidades más prestigiosas con las que contó el ejército persa.
Las informaciones son vagas, pero yo he intentado recopilar todo lo posible para hacer un relato ameno, aunque no es mucho lo encontrado; para empezar está claro que su misión principal era la salvaguarda de la vida del rey persa.
Por lo tanto, esta unidad debía ser constituida por soldados de valía, por lo que se prestó atención a su formación y adiestramiento, conformando un cuerpo de soldados que debió ser lo mejor de las fuerzas persas.
¿Cuándo se crearon?, ¡es difícil saberlo!, ¿Fue Ciro II el Grande su creador?, posiblemente, pero eso nunca se sabrá, ya que no hay datos al respecto; la única persona de la antigüedad que nos hizo un retrato real de cómo era la composición general de esta unidad persa fue el historiador Herodoto.

Este historiador relató entre otros relatos históricos la batalla de las Termópilas, donde, “los Inmortales” participaron en dicha confrontación; pero hablemos antes de su participación en batalla o también de su posible participación, ya que la historia en aquellos tiempos es imprecisa, y no relata con absoluta fidelidad los hechos ocurridos.
El número de sus componentes solía girar en torno a los 10.000 efectivos; Herodoto los llamó los Diez mil o Athanatoi (literalmente, inmortales), pero es seguro que su nombre verdadero no era ese.
Los propios persas posiblemente utilizaron una corrupción de la palabra anusiya (compañeros); la cual posiblemente sea la correcta. Tenían también un sobrenombre, llamándose los "portamanzanas", porque la base de la lanza (la cual parece que servía para dar el golpe de gracia al enemigo herido) que portaban tenía la forma de esa fruta, la cual era de plata entre los oficiales de alto rango.
Heródoto nos menciona en las “Guerras Médicas”, que los Inmortales eran una tropa de infantería pesada, cuyo capitán de la guardia era un tal Hidarnes, el cual asumió su jefatura durante las “Guerras Médicas”; mantenía siempre la cantidad de 10.000 hombres, cada miembro muerto, herido o gravemente enfermo era sustituido inmediatamente por otro, razón por la cual en apariencia nunca morían.
El cuerpo de los Inmortales sólo aceptaba a miembros de raza persa o medos, candidatos que pertenecían a la nobleza persa, ya que su casta, (cuyo poder era considerable) solo admitía que un cuerpo tan cercano al rey como era este, solo estuviera conformado por integrantes de dicha condición social.

Tropas de los Inmortales, año 333 a. de C.

También se exigían unos requisitos muy exigentes para entrar, entre los cuales los candidatos debían medir 1,60 metro como mínimo, lo que era una altura muy considerable en aquella época, y por supuesto, contar con un currículum impecable y sin mancha alguna en su conducta.

Muchos desde su tierna infancia eran reclutados y sometidos a un intenso adiestramiento; cuando entraban en batalla, el rey persa que permanecía en el centro del ejército atrás del todo, los Inmortales permanecían justo detrás de él, ¡ya que era su escolta!.
Los inmortales seguían al rey allá donde fuera, por lo tanto en campaña funcionaban como unidad militar de élite, participando en combate según lo requiriese el rey o no; en caso de permanecer el rey y su familia en las residencias reales de Persépolis, Susa, Ecbatana o Pasargada, los inmortales se dedicaban a la custodia de las dependencias reales.
Si simplemente el rey acampaba en la tienda real cuando se desplazaba, viajando a un lugar determinado o participaba en una determinada campaña, dicha tienda real por supuesto era custodiada por los Inmortales.
El equipamiento de los Inmortales consistía de un escudo de cuero y mimbre, una lanza corta con punta de hierro y un contrapeso en el otro extremo, un arco y un carcaj con flechas, así como una daga o espada corta.
El uniforme del regimiento estaba compuesto de una tiara o gorra de fieltro, túnica larga con bordados, pantalones y una cota de metal. Su táctica habitual era la carga frontal contra el enemigo, mientras que los flancos en retaguardia disparaban flechas como apoyo.
Al regimiento le seguía una caravana de carros, camellos y mulas que transportaba a sus mujeres y sirvientes y recibían una comida especial acorde con sus estatus de unidad de élite.
Sus tácticas habituales en el combate era la carga frontal contra el enemigo, mientras que los flancos en retaguardia disparaban flechas como apoyo a las tropas que cargaban de frente.
Según he buscado, no consta que sus fuerzas contaran con caballería, por lo que parece que la infantería fue la que predominó en sus fuerzas, la cual fue muy versátil, combinando la infantería pura con la fuerza de los arqueros, ambas disciplinas muy bien dominadas por ellos.

Relieve de los Inmortales

Los inmortales participaron en muchas batallas, ya que cuando el rey participaba en una batalla, este era protegido en la misma por su guardia de Inmortales; si nos atenemos a que fue con Ciro II el Grande cuando se creó dicha unidad militar, es indudable que en sus campañas de conquista, la unidad debió participar en todas las expediciones.

Con las campañas de Cambises I o Darío I debió ocurrir otro tanto de lo mismo; con el rey persa Jerjes I y sobre todo sus campañas de invasión en Grecia, durante las “Guerras Médicas” la participación de los Inmortales estuvo relatada gracias al historiador Herodoto, principal fuente de dichas guerras y de la narración de cómo era la guardia de los Inmortales.
Los primeros enfrentamientos entre griegos y persas, (ya en la “revuelta Jónica” de las posesiones persas de origen griego contra Persia o la primera invasión persa de Grecia, que se saldó con la derrota persa en la batalla de Maratón en el año 490 a. de C.) no propiciaron la presencia personal del rey persa, por lo que el concurso de la guardia no fue necesaria.
No obstante, en el año 480 a. de C., cuando el rey jerjes I invadió en persona Grecia, (como respuesta a la ayuda griega a los rebeldes jónicos de la “revuelta jónica”) lo hizo por supuesto acompañado por la guardia de los Inmortales; parece que su participación tuvo lugar en la batalla de las Termopilas.

La defensa del desfiladero de las Termopilas, fue una inteligente maniobra de distracción en la que el rey espartano Leónidas confiaba ganar tiempo hasta que la totalidad del ejército espartano acudiera a la campaña (Leónidas solo había acudido con su guardia personal compuesta por 300 hombres).
Leónidas, su guardia y otras unidades griegas hasta completar 7.000 hombres, defendían un estrecho paso, en el que se confiaba en que el inmenso ejército persa de más de 200.000 hombres no pudiera envolver al pequeño cuerpo de ejército griego.
A los persas no les quedó más remedio que efectuar los ataques frontalmente, en lo que se confiaba en que el equipamiento pesado griego (eran hoplitas) y la mayor profesionalidad de sus tropas, compensaría en parte la desproporcionada superioridad numérica persa.

Los ataques de los primeros dos días, se saldaron con muchas bajas persas y escasas por el contrario de los griegos; Jerjes I exasperado por la resistencia de los griegos encabezados por Leónidas, había decidió jugar su última carta enviando a sus mejores tropas, ¡sus Inmortales!.
Pero Jerjes I se llevó una desagradable sorpresa, su propia guardia personal sufrió numerosas bajas, (que posiblemente ascendieron a la mitad de su fuerza) estrellándose ante el impenetrable muro espartano; Jerjes estaba ante un dilema, dos días de batalla se habían saldado con numerosas bajas.

Tropas de los Los Inmortales, año 333 a. de C.

Pero lo peor era que con la derrota de sus fuerzas de élite, ¿con que moral podía enviar nuevamente sus tropas al ataque?, ¡la situación era intolerable!; finalmente logró la victoria por medio del engaño.
Un griego llamado Efialtes a cambio de una gran recompensa, condujo a través de un sendero oculto, que atravesaba los pasos montañosos, a una fuerza persa compuesta de los Inmortales capitaneados por su jefe Hidarnes y un refuerzo de tropas, en total unos 20.000 hombres.
Esto supuso a los persas situarse a retaguardia de los griegos, con lo que la posición defensiva se desmoronó; los griegos encabezados por los espartanos y otros pocos griegos que permanecieron con ellos, resistieron como héroes; pero finalmente la victoria fue del lado persa, ¡una victoria Pírrica!, sobre todo si se tiene en cuenta que los persas sufrieron cerca de 20.000 bajas.

Posteriormente en una victoria naval, la batalla de Salamina, la flota griega destruyó la persa cuando los persas habían entrado en Atenas; desde un púlpito, el rey persa vio con desagrado como la flota persa era pasto de las llamas.

Esto acabó con la paciencia y moral de Jerjes I, su lugarteniente Mardonio permaneció en Grecia al mando de las operaciones bélicas, pero el mismo rey persa decidió volver a su reino; al año siguiente se produjo la batalla de Platea, en el 479 a. de C.; con esta batalla se produjo la derrota definitiva de los persas en territorio griego.
No consta que en dicha batalla tropas de los Inmortales participaran en dicho conflicto, por lo que es más que probable que tras la marcha de Jerjes a su reino tras la derrota de Salamina, su guardia, la cual había sufrido numerosas bajas en la campaña, se volviera con él, ¡al fin y al cabo era su guardia! Y adonde Jerjes iba, allí iba ella.
También es posible que dado que las mejores tropas se quedaron para dar batalla a los griegos y que Jerjes I se retiró con el resto de Fuerzas a Asia (eso sí, siendo diezmados tanto por la dura retirada como por las tribus tracias), posiblemente parte de la Guardia de los inmortales luchara en la batalla.

Si esto se hizo así, no hay duda de que pelearían en primera línea (como no podía ser de otra manera con estas fuerzas de élite); dado que fueron diezmadas duramente las fuerzas persas en la batalla de Platea, no hay duda de que los inmortales sufrirían serias pérdidas.
Los años pasaron, pero los siguientes reyes persas no constan que participaran directamente en conflicto alguno, dejando las campañas para sus generales, por lo que la vida de los Inmortales debió de transcurrir plácidamente entre los palacios en los que el rey persa de turno debió estar instalado, según la estación que tocara o todo según el capricho del rey.

Años más tarde es probable que participaran en batalla, en el año 404 a. de C., un sátrapa llamado Ciro el joven, hermano del rey persa Artajerjes II y que por aquel entonces gobernaba las regiones del Asia Menor llamadas Frigia, Lidia y Capadocia, decidió levantarse en armas contra el rey persa.
Ciro el joven se creía a sí mismo con razones de ser el rey persa, así que secretamente formó un ejército reforzado por 14.000 mercenarios griegos entre infantería pesada (la mayor numéricamente) y ligera; Ciro marchó al Este adentrándose mucho en territorio persa, cuando el rey persa Artajerjes II se enteró de las intenciones de su hermano, se aprestó personalmente al combate formando un numeroso ejercito.

Los Inmortales, representación en vivo que se hizo en Irán en 1970

El combate entre amabas fuerzas se dio en la batalla de Cunaxa en el año 401 a. de C.; Ciro el joven murió, con lo que con la batalla dio por abortada la rebelión creada por Ciro; desgraciadamente no consta la participación de los Inmortales en la batalla por parte de los historiadores griegos.
Sin embargo la presencia del rey personalmente en la batalla garantizó la presencia de los Inmortales en la batalla, pero no constan en las fuertes históricas, solo se puede decir que probablemente lucharon con valor, pero sin tener ninguna fuente de información.
Nuevamente los años pasaron sin que los Inmortales tenga oportunidad de participar en batalla alguna; si había algún tipo de campaña, esta era asumida por el ejército regular y la no participación personal del rey persa, aseguraba la no participación de la guardia del rey en conflicto alguno.

Solo durante el reinado del último rey persa, Darío III haría que los Inmortales dieran nuevamente la talla en batalla, pero por desgracia para ellos, ya nunca más tendrían oportunidad de desplegar sus cualidades en batalla, ya que con la caída y muerte de Darío III, se puso fin al imperio persa y la disolución del cuerpo de los Inmortales.
En el año 336 a. de C., Diario III tras unos años de incertidumbre en el reinado de los reyes persas, asumía el mando con ilusión; era su intención restaurar el poder de los persas en el imperio, con algunas satrapías (provincias) gobernadas por poderosos personajes con poco apego a que su rey les diera órdenes y alguna de ellas en franca rebelión.
Pero la restauración total en su imperio, que le llevó más de un año, coincidió con el principio del fin para los persas, ya que en el año 334 a. de C., Persia era invadida por un ambiciosos de Macedonia llamado, ¡Alejandro Magno!.

La primera gran batalla se produjo en el río Granico ese mismo año, la misma batalla se desarrolló con tropas de las satrapías de las cercanías, con lo que el ejército del rey no participó en batalla.
No obstante, tras la muerte del principal estratega persa, llamado Memnón de Rodas, el cual había asumido las operaciones en Asia Menor, Darío III decide movilizar sus tropas y ponerse a la cabeza de ellas para abatir al odiado Alejandro.
Al año siguiente en la batalla de Issos en el 333 a. de C., Darío III y Alejandro Magno dirimieron en batalla la supremacía de ambos ejércitos; la batalla en si es muy conocida, y remitiéndonos a la participación de los Inmortales, la misma se produjo cuando el mismísimo Alejandro al frente de su caballería de escolta (llamados “Compañeros”), penetró en el centro persa con la intención de abatir personalmente al rey persa.

Inmortal en acción, letra número "C"

Alejandro Magno, condujo una la furiosa carga jugándose el todo por el todo, utilizando su caballería como punta de lanza para presentarse justo frente a Darío, intentó confrontándolo directamente y gritándole que se le enfrentara, tratando de abrirse paso entre los desdichados Inmortales que se le interponían en su paso; se dice que le llegó a arrojar una lanza, pasando muy cerca del rey persa.
Esto debió quebrar los nervios del rey persa, que veía con temor como Alejandro se le acercaba resueltamente a su posición; Darío III estuvo a punto de ser capturado debido a que aguardó a retirarse, posiblemente consciente que una retirada suya podía causar mal efecto en sus tropas.

Pero su seguridad era una prioridad, y cuando se vio que Alejandro no podía ser parada huyó a la carrera en su carro; fue perseguido, pero los macedonios no pudieron darle alcance.
La marcha de Darío tuvo un mal efecto en las tropas persas, las cuales presas del pánico salieron huyendo, pisoteándose entre ellos, al punto de que las bajas en el ejército persas, fueron mucho más numerosas en la huida que en la batalla misma.
Las bajas entre los Inmortales seguramente fueron numerosas, ya por las bajas causadas por la caballería de Alejandro, ya por la retirada, en la cual las bajas fueron tremendas, (la caballería misma pudo replegarse con velocidad, pero la infantería se entorpeció de manera fatal para los infantes).
Hasta dos años después, no hubo un enfrentamiento entre Darío III y Alejandro Magno; la batalla de Gaugamela, fue en el año 331 a. de C. la definitiva batalla en la que Darío se jugaba la supervivencia de su imperio.
La guardia de los Inmortales, con un armamento mejorado y con su fuerza reconstituida de las duras bajas de Issos se aprestaba a defender a su rey en batalla; la misma se realizó con movimientos muy parecidos a Issos, aunque aquí la caballería persa casi sale ganadora de la batalla.

Pero Alejandro decidió acercarse al rey persa para que este se acobardara de su presencia; penetró en el centro persa y se acercó al rey, el cual aunque aguantó lo indecible estoicamente, cuando Alejandro se acercó demasiado no aguantó, saliendo corriendo por el temor a ser capturado.

Posiblemente las bajas de los Inmortales fueron importantes aunque quizá menos numerosas que en Issos, ya que debieron de sufrir cuando Alejandro intentó acercarse al rey, pero no hubo una retirada posterior a la desbandada como en Issos, con lo que los Inmortales no debieron sufrir por este proceso.

Relieve de los Inmortales

No hay datos como en Issos, en los que se detallara la participación de los Inmortales en batalla, aunque deduciendo, en ambas batallas su cometido fue evitar que Alejandro Magno lo capturara en batalla, con lo que debieron sufrir mucho para realizar su cometido, aunque con la satisfacción de referir que Alejandro no pudo capturar al rey persa, con lo que su guardia, ¡cumplió su misión!.
¿Qué ocurrió en la persecución posterior hasta la muerte de Darío III?, ¿le acompaño algún miembro de los Inmortales?, es posible, pero no probable, ya que eran fuerzas de infantería, y la retirada, por pura velocidad, solo se hizo con tropas montadas.
¿Hubo en alguna ciudad como Persépolis, Susa, Ectabatana tropas de los Inmortales que se añadieron a las fuerzas de Darío n retirada?; las fuentes antiguas no refieren nada al tema, con lo que todo queda a la especulación.

Tras la muerte de Darío, si había fuerzas de los Inmortales en activo, fueron disueltas marchándose a sus hogares o pasaron a formar parte de las nuevas fuerzas que Alejandro Magno creo con fuerzas persas.
Si bien es cierto que dado el grado de cohesión entre Darío y las de sus guardias, es poco probable que por simple afecto se integraran en la fuerzas del hombre que fue causa de la muerte de su rey, ¡Alejandro Magno!, aunque no es imposible que algún elemento no se viera sujeto a tales afectos y que muerto el rey, había que buscarse la vida como fuera, y se deseara continuar con la vida militar.
Los Inmortales fueron un cuerpo de élite, dedicado a acompañar al rey en campaña o a custodiar su persona allá donde el rey estuviera instalado, ya en sus palacios o en la tienda real cuando estaba de viaje.
Perfectamente adiestrados y equipados, tras superar pruebas exigentes de entrada, fue una fuerza que rey tras rey, se dedico lealmente a la salvaguarda de su integridad real y salvo alguna ocasión en que algún rey persa fue asesinado, (esto se debió a intrigas palaciegas de altos funcionarios, en los cuales los Inmortales no podían estar pendientes al 100%) los Inmortales cumplieron su función a la perfección.

Tropas de los Inmortales, año 333 a. de C matando a un leopardo.
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